Adelgazamiento de la ozonosfera.
En la actualidad, el adelgazamiento o
agotamiento de la capa de ozono sigue siendo uno de los más graves problemas
ambientales que enfrenta el ser humano.
Las primeras evidencias de este
problema fueron descubiertas en la década de 1970 cuando los científicos
encontraron que ciertos compuestos químicos, que incluían a los
clorofluorocarbonos (conocidos por su sigla CFC), estaban destruyendo o
afectando el espesor del filtro natural que rodea la Tierra: la capa de ozono.
La principal causa de la destrucción de
la capa de ozono, los gases clorofluorocarbonados (CFC), han sido utilizados
desde los años treinta en refrigeradores, sistemas de aire acondicionado,
propelentes de aerosoles y espumas sintéticas.
Cada molécula de CFC destruye miles y
miles de moléculas de ozono, lo cual ocasiona que la capa de ozono se presente
más delgada en ciertos lugares, como en los países del Cono Sur.
En 1985 se produjo una alarma mundial
cuando los científicos encontraron que en cada primavera austral se abría un
“agujero de ozono” sobre la Antártida. Este hecho motivó una respuesta de la
comunidad internacional a través de la adopción del Protocolo de Montreal
(1987), un acuerdo de las naciones del mundo con el fin de restringir la
producción y consumo de productos químicos que dañan el ozono.
Gracias a este acuerdo, los primeros
signos de la recuperación de la capa de ozono han comenzado a hacerse notar. Un
informe presentado por la Organización de las Naciones Unidas ONU (2010) indica
que “la concentración de ozono a escala mundial, así como en el Ártico y en la
Antártida, no ha variado gracias a la eliminación gradual de las sustancias que
agotan la capa protectora”.
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